En el corazón del auténtico Carnaval Rural de Navarra

Carnaval de Lantz

JAUREGIA es el mejor punto para combinar auténtico Agroturismo y auténtico Carnaval Rural. Tomar la paz y el alejamiento de los ruidos urbanos entre verdes y amanecidas brumosas, y disfrutar del Carnaval Rural vasco más famoso del mundo y de uno de los menos conocidos: El Carnaval de Lanz y el Artza de Arizkun.

Nuestro país explota en colores, música, magia y disfraces estos días. Llega el Carnaval, el urbano y el rural. En nuestros valles verdes hemos conservado tradiciones ancestrales, secretos sin descifrar, que hacen del Carnaval Rural de Navarra una joya antropológica y turística. Baztan, el Paraíso Verde de Navarra, está en el corazón de este misterioso Carnaval Rural. Combinar el Turismo Verde, el Ecoturismo, con tradiciones ancestrales

Los orígenes del Carnaval rural navarro se remontan a tiempos inmemorables por lo que son numerosos los personajes ancestrales que protagonizan los desfiles. La manifestación externa de “desorden, de exceso, de fiesta alocada, de válvula de escape frente a lo cotidiano” es lo que acompaña a todas estas representaciones.

Así, son numerosos los personajes ancestrales que protagonizan los desfiles, que van desde los joaldunak de Ituren y Zubieta, que ya hicieron su salida hace un mes, hasta el Miel Otxin de Lantz, la encarnación más clara del mal y, junto al séquito de txatxos, ziripot, zaldiko y arotzak, elemento de una de las representaciones carnavalescas hoy más famosas.

iñude eta artzaiak de Bera

Además de estos dos ejemplos, que están protegidos con el estatus de Bien de Interés Cultural de Carácter Inmaterial, Navarra es rica en personajes carnavalescos que hacen su única aparición anual en estos días, como los momotxorros de Alsasua, los zakuzahar de Lesaka, el artza de Arizkun, los zipoteros de Tudela, el carbonero de Goizueta, los mamuxarros de Unanu, los inude eta artzaiak de Bera, los zarramusqueros de Cintruénigo o la Mari Trapu de Pamplona. La manifestación externa de “desorden, de exceso, de fiesta alocada, de válvula de escape frente a lo cotidiano” es lo que acompaña a todas estas representaciones.

Los caranavales son como “una manifestación del alma del pueblo que de vez en cuando necesita salirse de la norma y subvertir el orden establecido”, y su origen se explica en una “reacción frente a la austeridad que se avecina con la Cuaresma”, dentro de las tradiciones propias de la vieja Europa cristiana. De hecho, su nombre parece proceder de la expresión “carne vale” (se puede comer carne) y es una tradición prácticamente ausente en el mundo protestante, indica la experta, quien advierte de excepciones como el carnaval de Basilea.

Tanto en Navarra como fuera de ella los carnavales tienen en las máscaras y los disfraces su rasgo común, aunque en la Comunidad foral han imperado los vestidos “estrafalarios”, con hombres con aspecto de animal (caballos, zorros, osos, burros o bueyes) y con muñecos rellenos de paja.

Precisamente su carácter de ocultación de la identidad de quien portaba esas máscaras es en buena parte lo que motivó censuras y prohibiciones, especialmente en el último siglo, que llevó a perder algunas de estas manifestaciones, recuperadas posteriormente por diversas circunstancias.

Es lo que ocurrió con el carnaval de Lantz, descrito por José María Iribarren en la revista Príncipe de Viana, que casi se perdió y que lo recuperaron los hermanos Julio y Pío Caro Baroja con motivo de la filmación del documental “Navarra cuatro estaciones”.

Podría considerarse como un “sistema catártico en el que durante unos días se permiten una serie de excesos que no son posibles a lo largo del año”, y que va ligada al ciclo de invierno, cuando lo permitían las tareas agrícolas que marcaban el calendario de la sociedad rural tradicional.

Así, la fiesta se organiza en torno a la Cuaresma, aunque se extiende desde las cencerradas de la noche de Reyes hasta los domingos de Piñata entrada ya la Cuaresma, y de ella se encargan fundamentalmente los jóvenes de la localidad, aunque participe todo el pueblo.

“El elemento fundamental del carnaval es el de llevar una máscara para taparse, porque eso es lo que permite hacer esa serie de excesos” imposibles a lo largo del año, si bien en muchas manifestaciones se ha mantenido la costumbre de la encarnación de personajes.

Sería el caso de Lantz, donde el muñeco Miel Otxin representa al mal, a quien acompaña su caballo o zaldiko, que continuamente debe embestir a Ziripot, el hombre más fuerte del pueblo, cuyos habitantes son los txatxos, a quienes también siguen los herreros del zaldiko. Se trata de un cortejo que anualmente sale en Lantz los lunes y martes de carnaval, y que tiene su momento cumbre con el ajusticiamiento en la hoguera del bandolero Miel Otxin, festejado con el baile del zortziko.

En Lesaka, en este caso el domingo, salen los Zakuzahar, personajes embutidos en sacos rellenos de heno, tapados con un sombrero y un pañuelo en la cara y provistos de una vejiga hinchada de cerdo para azuzar al público.

En la cercana Bera, el mismo día se celebra el desfile de inude eta artzaiak, en el que los jóvenes se intercambian los papeles, con los chicos vestidos de niñeras y las chicas de pastores, mientras que Alsasua el martes de carnaval toman las calles los momotxorros, personajes dotados con cornamentas de carnero, una piel de oveja sobre la espalda y pintados con sangre.

Son algunos de los ejemplos de la invasión de las calles estos días por personajes variopintos, con reminiscencias animales y con la máscara y el disfraz como elemento común, característica imprescindible que fue la que provocó su prohibición a lo largo del siglo XX, “por la iglesia en su momento, luego por el Consejo de Navarra y por la dictadura franquista con la prohibición absoluta cuando empieza la guerra y sobre todo una vez finalizada”.

“La careta era lo que podía facilitar cometer tropelías”, pero también habilitaba “el único momento para criticar, con lo que en una dictadura había para criticar. Por eso se plantea muy seriamente el control, con una cantidad de multas considerables”.

Estas circunstancias hicieron que los carnavales se dejasen de celebrar en muchos pueblos, donde la ausencia de los jóvenes por haber marchado a la guerra o haber huido también ayudó a la desaparición de una costumbre que, sin embargo, en otras localidades se mantuvo “enmascarada bajo la denominación de ‘fiestas de invierno'” y apartada de las fechas habituales, como es el caso de los “Bolantes de Valcarlos”, en el Domingo de Resurrección.

En cuanto a su futuro,  “mientras que la gente que participa, lo tenga en valor, seguirá vigente”, ya que “son fiestas vivas y perduran mientras siguen siendo vivas”, aunque “en el momento en el que empiezan a fosilizarse, desaparecen”.

Al respecto, reconoce que en la repetición anual de los mismos rituales, como puede ocurrir en Lantz, Ituren y Zubieta, hay elementos “fosilizados” con un “recorrido de cara a la galería”, pero tras él hay un trasfondo que les hace jóvenes porque “la gente los sigue viviendo”.

En cuanto a la protección dada como Bien de Interés Cultural, es “como un ‘label’ de calidad”, si bien el hecho de que sea un elemento de carácter inmaterial lo que se protege hace que “no se puede defender nada. La única protección es la puesta en valor”, un elemento que debe ir acompañado de que los participantes la valoren para que siga vigente.

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One Response to “En el corazón del auténtico Carnaval Rural de Navarra”

  1. Felix Zubiaga febrero 17, 2012 at 7:34 pm #

    Me ha sorprendido ver la representación de “Iñude y artzaiak” de Bera. Creía que sólo de era kalejira de Donosti. Fijaos en el origen de las palabras INU, hijo de An dios sumerio, IÑOTE “tiempo de INU” del se deriva también IÑOTERI. Observad luego IÑU nourrir, ama, ume, aña, nini, nano, nana, inoso, unai, nahi, etc. y encontraréis las raíces del Euskera a través del mitoanálisis.

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